icenciada Verónica Baracat

Es coordinadora del Programa País de ONU Mujeres en Argentina. Entre 2018 y 2021 se desempeñó como Especialista Nacional de Sector Privado de ONU Mujeres Argentina. Posee una extensa trayectoria en organismos internacionales y en redes de defensoras de derechos de las mujeres en América Latina y el Caribe. En el sector público argentino, se desempeñó en el Consejo Nacional de las Mujeres, en el INADI y en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Es Licenciada en Administración de la Universidad de Buenos Aires y posee una Maestría en Estudios de Género de la London School of Economics (Reino Unido).

Lic. Verónica Baracat, Jefa de Oficina, ONU Mujeres Argentina.

La pérdida de empleo de las mujeres ha sido brutal, más de 4 millones de mujeres no han logrado volver al trabajo en América Latina y el caribe post pandemia. Según la CEPAL, en 2020 la tasa de pobreza extrema se situó en 12.5% y la tasa de pobreza alcanzó el 33.7%. Además, en América Latina y el Caribe se estima que 118 millones de mujeres viven en situación de pobreza.
Las mujeres además sufrieron el desgaste de luchar en el frente de la pandemia, corriendo el riesgo su salud: fueron el 73% del personal sanitario, aunque solo el 25% ocupa cargos directivos.
Otro de los sectores más castigados por la pandemia fue en el sector doméstico, donde 70% de las trabajadoras del hogar fueron afectadas por las medidas de cuarentena y muchas no volvieron a recuperar su trabajo. También otro factor que afectó a las mujeres es que dedicaron el 29% más tiempo a la semana para el cuidado de los hijos en la pandemia .
Otro factor donde se vieron sumamente afectadas las mujeres fueron en los casos de situaciones de violencia durante el periodo de cuarentena. ONU Mujeres la ha denominado como la pandemia en la sombra o la otra pandemia: solo en Argentina ocurrieron 287 femicidios a durante 2020 y la gran parte en un contexto de violencia doméstica (63%) La alternativa de inversión en Sistemas de Cuidados puede crear las condiciones para la autonomía económica de miles de mujeres que vean así aliviada la carga de cuidados no remunerados, y de las que realizan trabajo de cuidados remunerado.
Otro factor que ha sido muy atacado es el impacto psicosocial del COVID-19 que sufrieron las mujeres adultas mayores: Experimentaron dificultades para recibir la prestación de servicios de salud al tener imposibilidad de asistencia presencial que generaba sensación de abandono.
Tuvieron falta de autonomía económica ya que los haberes jubilatorios no alcanzaron a cubrir las necesidades habitacionales, alimentarias y de salud.
La cuarta parte percibió un deterioro de su salud debido al aislamiento y la imposibilidad de realizar actividades físicas y sufrió de impacto psicológico y emocional: el 50% reportó experiencia frecuente de miedo, ansiedad, tristeza, preocupación.

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